Emancipación y crítica como práctica social y como formulación ética y teórica. El feminismo como su soporte y paradigma. Me ha llegado por medio de su Director, el compañero Juan Hernández Zubizarreta, una interesantísima tesis de Ramón Rueda Lopez que tiene por título “La ética como fundamento de la responsabilidad social: la perspectiva de género como praxis socialmente responsable en la universidad” presentada en la Universidad de Córdoba.

La tesis investiga la relación entre saber dominante, liberal y neoliberal, los modelos de construcción del conocimiento científico y universitario, y la ética y la práctica social que el orden capitalista secuestra y modela. Avanza la necesidad de construir otro modelo ético y de elaboración y socialización del conocimiento basado en la racionalidad y ética crítica del feminismo.

No se puede tratar aquí de abordar el análisis desplegado ni el conjunto de la investigación pero si recoger algunos aspectos de especial interés. Por ejemplo en la validación de la Hipótesis 1, formulada así “La ética debe constituir el fundamento de la Responsabilidad Social. Pero no una ética fundada sobre valores individualistas y androcéntricos que justifica el enriquecimiento individual, sino aquella que lo hace sobre valores de carácter social, cosmopolita y que busca el camino de la justicia social, la libertad y la igualdad”. En esa validación se ofrecen varias confirmaciones, así:

“e. La Razón, despojada de su lógica objetiva y crítica, adoptó un sentido subjetivo e
instrumental desde el que convirtió a la ética en una disciplina al servicio de los
intereses de la clase dominante. En otras palabras, utilizó la ética para justificar y
validar un determinado orden social. La ética liberal, desde sus principios
androcéntricos e individualistas, no tuvo reparo para justificar el êthos capitalista,
validando el egoísmo ético como el camino más apropiado para garantizar el
desarrollo económico y productivo de las sociedades.
f. En un orden social patriarcal en el que la competitividad, como valor masculino,
constituye una inspiración permanente, el éxito resulta ser medido en función de
la dimensión de los bienes que se poseen. Así, acumular cada vez más capital
representa la máxima expresión del éxito social y, por extensión, del progreso
humano.
g. Desde esta óptica, una vez que el progreso humano es el resultado de la
acumulación de riqueza individual, la historia es el relato de las relaciones de
dependencia y subordinación que, bajo un orden político-institucional —el Estado
liberal—, y un orden económico —el capitalista— ideados para favorecer el éxito
de la clase dominante, padecen la naturaleza, las mujeres y las clases
subalternas.”

Es decir un progreso humano entendido desde la lógica dominante y que ha construido un sistema de saber-poder, ética y perspectiva de futuro, que contrapone y valida “la acumulación de riqueza individual” frente a la naturaleza, las mujeres y las clases subordinadas.

Esto me hace presente la alternativa que aquel texto critico, comprometido, lúcido y esperanzador de José Luis Sampedro en el que expresaba todo un programa alternativo y educativo como práctica emanipadora:

“Productividad, competitividad… Las palabras clave del mundo oficial de hoy, lo que quieren que aprendamos son: productividad, competitividad e innovación. Pero en vez de productividad, la palabra es vitalidad. Y, en vez de innovación, es conservación. Y, en vez de competitividad, es cooperación. Habría que pensar en asociarnos, vivir pacífica y apaciblemente en este mundo porque esta es la vida que tenemos que ejercer y desarrollar. Para mí, la educación sería rectificadora de la actual: una educación que conduzca a saber vivir en armonía con la naturaleza, porque somos naturaleza.”